Yo iba sin rumbo fijo, tratándome de no mojarme; una ráfaga inesperada me hizo refugiar bajo el primer toldo que encontré a mi paso. Resulto ser de una librería. Como era la única protección de la cuadra, otras personas se empezaron a juntar ahí también, empujándome poco a poco contra la puerta y, cuando me quise dar cuenta, ya estaba dentro. Comencé a recorrerla, primero sombrado en medio de esas pilas de libros, pero a los pocos segundos ya estaba aburrido. Empecé a mirar los carteles de las selecciones. Filosofía. Sicología. Sociología. Historia. Sexología. Botánica. Herboristería. ¿Sexología? Me fije si alguien me miraba, abrí uno de los libros y ya la primera foto me impacto. Perdona la crudeza, Amparo, pero la mujer pasaba sus antebrazos por entre las nalgas de un camello, mientras el hombre estaba flexionado mirando hacia atrás, rodeado de frutas, con un antifaz puesto. El camello tenia algo en la boca, en la foto no se distinguía bien y cuando me acerque a un lugar con mas luz, en el descuido, tumbe una pila de libros. Cerré el mío y me agache a recogerlos. Cuando los estaba ordenando escuche que una voz de mujer me preguntaba:
-Disculpa, ¿ ya recibieron la revino critica de Oxford Press de Memorias de Adriano en edición facsimilar?
Mi vista, que estaba dirigida hacia el suelo, se levanto recorriéndola palmo a palmo. Zapatos de tacón. Cadenita de oro en el tobillo izquierdo, que le daba un aire gitanesco y agregaba algo de misterio a unas pantorrillas tal vez demasiado perfectas. Piernas que subían largas, bien torneadas. Cintura que la rodeaba por completo; un hermoso busto que parecía dos, también maravillosamente torneado, igual que las piernas, pero con otra forma. Su cabellera caía rubia sobre sus hombros, a los costados de un cuello fino que sostenía mas arriba un rostro bellísimo, de una delicada sensualidad. Dos orejas le salían a los costados de la cabeza, y en ellas se sujetaban unos colgantes con unas pequeñas piedras engarzadas. Su perfume era intenso, me despejo la nariz. Porte: actitud sexy, provocativa, no desprovista de una campesina y santa ingenuidad. Edad: menos de treinta, probablemente veintiséis. Estudios: Doctorado en Letras con una tesis sobre “La mascara en la obra de Virginia Wolf, espejos femeninos en la prosa de Pessoa”. Color de ojos: ¿verdes? Deportes: natación y esgrima. Color favorito: rojo de obsidiana. Piedras: el mármol de Carrara y el granito de Cocina. Detesta: la pobreza y las guerras.
Enseguida note que ella me había confundido con uno de los vendedores. Me incorpore inmediatamente y mis labios pasaron rozando los suyos por que el pasillo era muy estrecho. Era mas alta de lo que me había parecido. Y más hermosa. Un poco nervioso y tratando de pensar con rapidez que actitud era más conveniente, no me atreví a decirle que ni era vendedor ni sabia de lo que me estaba hablando.
-Espérame un momento.
Le pedí, y fui hasta la caja a preguntar por su libro. Pero me di cuenta de que no había retenido muy bien él titulo que buscaba, y entonces pregunte por lo que creía recordar:
-¿tiene los Recuerdos de Adriana?.... eh, es una edición fácil de asimilar.
El empleado me mando a buscar en Literatura Infantil. Pase frente a la chica y le pedí que me esperara un segundo, ya que le conseguiría el libro. En la sección infantil me encontré con una vendedora, a la que reconocí por su disfraz de jirafa. Entre los dos buscamos sin hallar exactamente lo que necesitaba. Decidí volver con uno muy parecido, que de todas maneras podría servirle: Adrián, el ratoncito valiente. Ella lo recibió primero con sorpresa y después con una franca risotada. Advertí que me había equivocado pero decidí fingir que el cambio había sido a propósito.
-Me encanta la gente con sentido del humor.
Dijo, mientras me miraba profundamente a los ojos, con una mirada que me atravesaba.
-Tu no trabajas acá, ¿verdad?
-no, pero quise encontrar tu libro y ponerme a ser tu vicio... perdón: ponerme a tu servicio.
-oh latinos, siempre conquistando.
Cuando dijo eso, enseguida me di cuenta de que ella no era de acá:
-¿tu no eres de acá, no es verdad?
-no
-ah. ¿si eres?
-no, no: es verdad, no soy de acá
-¿eres de allá?
-si, ¿cómo sabes?
-es que soy muy intuitivo ente una mujer tan hermosa, enseguida me doy cuenta.
-¿de que soy de allá?
-no, de que eres muy hermosa
-eso se lo dirías a todas
-no es cierto, ¿trabajas o estudias?
-¿allá?
-si
-ninguna de las dos cosas y las dos al mismo tiempo
-caramba, un acertijo, ¿ y que haces?
-gozo
-¿arte marcial japonés?
Ella volvió a reír con una risa abierta: allí había horas de espejo. Estábamos a escasos centímetros de distancia: sus labios me rozaban al hablar. Y me explico:
-gozo... gozo estudiando literatura, eso jamás podría ser un trabajo para mí.
-o sea que no cobras.
Rió nuevamente, rozando mi mejilla con sus labios. No dejaba de mirarme, casi diría que me estudiaba. Yo me sentía como un libro en blanco ante sus ojos de experta.
-la literatura y los escritores son mi única y gigantesca pasión.
Ese dato se clavo en mi; yo estaba como un animal en celo, no sabia como seguir, cuando ella me hizo la pregunta crucial, a la cual empezó todo esto:
-y tu ¿a qué te dedicas?
No podía responderle la verdad...
To be continued...
Copy rigth. Jorge Maronna y Luis Pescetti...